Storm Forever: Epílogo

Posted in Capítulos on 22 octubre, 2011 by Aline S.V

Epílogo

 

Si había un momento y un lugar, ese era el ahora. El tiempo se había vuelto irrelevante para mí. Sabía que ya no era verano, pero tampoco era otoño, la nieve comenzaba a tapizar los bosques… el invierno había llegado.

Si  al principio contaba los días y buscaba referencias en fechas, estas ya no existían. Alétheia decía que un día para un vampiro sólo era un segundo en la eternidad, yo concordaba en ese sentido con ella, cuando tienes unas expectativas de vida tan largas, un año se podría convertir en un minuto y un siglo en un día.

Pero ese era otro tema del que, seguramente, tendría muchísimo tiempo para reflexionar con calma.

Mis ojos miraron a  Joshua alimentarse de su víctima en el borde del riachuelo, una mujer de edad avanzada. Yo había cogido al hombre que yacía sin vida cerca de mí. Tontos habían sido por pasear por estas zonas en épocas de nevascas.

Alétheia había ido de caza por su cuenta, su apetito lo saciaba en las ciudades próximas, a mi no se me permitía salir de las montañas, Joshua y ella se encargaban de eso, aunque yo tuviera mis capacidades especiales; según la vampira, yo no oponía resistencia porque no las dominaba a cabalidad. A veces, podía ser fácil leer los movimientos de mi enemigo,  recurrentemente Joshua; con quien me enfrentaba a golpe pelado para aprender a controlarme.

Él era rápido para mí, pero su cuerpo era muchísimo más pesado que el mío y aunque podía ser muchísimo más fuerte, yo tenía la ventaja de ser más ligera y la ventisca que comenzaba a levantarse me ayudaría en mi propósito.

Joshua seguía succionando del cuello de la señora. Lo miré unos segundos en silencio, dejando que mis pies se hundieran unos milímetros más en la nieve.

Él, por el contrario de lo que yo esperaba siempre, se relajaba a la hora de comer y se abstraía del mundo. Incluso se olvidaba de mí.

Por eso era el momento perfecto.

La ventisca se hizo más poderosa, la nieve caía, mi olor se dispersaría y pasaría desapercibido por ambos. Pondría ventaja entre ellos y yo.

Era el momento, miré el tronco más cercano, desdibujado por el clima.

No lo pensé más, perdería la oportunidad si seguía reflexionando.

Me di media vuelta, y eché a correr por el bosque en un principio, dejando mis huellas tras de mí, para luego saltar hacia una rama y continuar mi carrera hacia lo desconocido.

Las amenazas de Alétheia se habían vuelto vanas, la única razón por la que las mantenía era porque sabía que era una amenaza si llegaba a descontrolarme y porque si llegaban a verme, Joshua y ella estarían al descubierto. Sin embargo, el miedo primario que me abordó en los primeros tiempos se fue haciendo pequeño hasta desaparecer. Ellos no podían retenerme, ya no. No era perfecta, aún me descontrolaba, aún rugía cuando cazaba; aún era más violenta de lo que ellos eran, pero podría alejarme de todo hasta que mi garganta dejara de motivar mis instintos y pudiera actuar en las situaciones como una simple humana.

Después de todo, Joshua me había demostrado que se podía aguantar la sed, él lo hacía cada vez que estaba conmigo, así que yo también podría hacer lo mismo con el tiempo.

El bosque blanco era sólo un borrón mientras me dirigía al noroeste con la voz amortiguada de Joshua siguiéndome a mis espaldas, sabía que él me buscaría, pero yo no me iba a dejar encontrar.

FIN

Storm Forever: Capítulo XVIII

Posted in Capítulos on 22 octubre, 2011 by Aline S.V

Descubrimiento

 

Si había quedado petrificada con el descuartizamiento, ahora estaba peor. Me volvía loca cada vez que Alétheia mencionaba la sangre, me torturaba constantemente describiendo el sabor, la textura y el aroma con tanto detalle que no podía evitar tratar de escapar de la casa abandonada en la que habíamos estado morando por un interminable tiempo.

Ya ni siquiera sabía qué fecha era, ni en cuál mes nos encontrábamos, sólo sabíamos que seguíamos en verano por el calor que se sentía en el ambiente, pero nada más. El día y la noche eran una tortura peor, empezaban y concluían lentamente, haciendo mi agonía horrible.

Con el paso de los días o semanas, las cacerías se producían cada vez más lejos de la guarida. Mis pies habían aprendido el ritmo rápido y constante de ellos, así como mi nariz había aprendido a reconocer los olores y  mis oídos a discernir el palpitar de cada criatura que habitara el lugar.

Había una parte de mí, que apreciaba el hecho de ver el mundo con una mayor claridad de lo había podido apreciar siendo humana, a veces me sentaba bajo el primer árbol que encontrase y cerraba los ojos, sólo para escuchar mi entorno,  pero la otra parte era cuando entraba en un constante estado de desesperación. Esta era producida por lo mismo que antes me había encantado, a veces necesitaba silencio, pero el ver y escuchar todo con mayor claridad no me hacía gracia cuando necesitaba un tiempo para tranquilizar el torrente de emociones que tenía, más encima, todo empeoraba cuando recordaba que yo misma había tenido que aprender a descuartizar.

Si mis padres me vieran, estoy segura que me apuntarían con el dedo y me dirían: Escoria.

Dolía pensarlo, pero sentía que eso era lo más cercano a la realidad.

Monstruosidad, anormalidad, muchos apelativos iban hacia a mí misma. Otros como, imbécil, sínico, asesino, asqueroso y maldito bastardo hijo de puta, iban dirigidos a Joshua. Y al final, venían los insultos hacía Alétheia, que iban desde el arpía hasta zorra chantajista.

Sí, supongo que he deteriorado mi lenguaje desde que me convertí en esto, pero no tengo otras formas de expresar mi enojo con palabras a esas dos personas, además de los gruñidos y mis insistentes amenazas con la mirada, que no hacían más que regocijar a Alétheia y exasperar a Joshua en algunos momentos.

Tenía derecho a estar amargada, me habían quitado mis sueños. Universidad, Periodismo investigativo; pareja, hijos… incluso nietos. Todo eso se había ido por el caño y eso que ni siquiera había pensado en las dos últimas cuando fui transformada.

―Kallisté―Joshua me llamó por mi nombre.

Podía sentir sus ligeros y cautelosos pasos, se detuvo frente a mí, pero no abrí los ojos. En cambio, le gruñí.

―Deja de hacer eso―ordenó. Aún así, abrí los ojos y lo miré. Le mostré los dientes en una forma de amenaza. Debería parecer una perra, en el literal sentido de la palabra, por como actuaba.

― ¿Por qué? ―inquirí― ¿ahora no tengo derecho a expresar mis emociones?

―No se trata de eso―aseveró. Pero supe que el comentario mordaz le había dolido.

― ¿Entonces qué? ―continué― ¿puedes destruir todo de mí, pero yo no puedo mostrarme enojada, frustrada o reticente contigo?

― ¡De acuerdo! ―exclamó, furioso. Creo que había llegado al límite de su paciencia.

Alétheia nos miraba interrogante desde la puerta de la casa, sin embargo, su rostro se iluminó al vernos discutir. Ahora éramos un circo, perfecto.

―Eres vampira y punto, no puedes hacer nada al respecto―gruñó con fuerza.

―Soy vampira, no por opción―reté―me mentiste en todos los puntos habidos y por haber, ¿qué quieres, que te cante canciones de amor y te sonría? ―él se ofendió abiertamente―yo te conté mi vida, te dije mis sueños y preocupaciones, pero te importó poco.

―Nunca me hubieras permitido acercarme si hubieras sabido lo que era―declaró. Una sonrisa irónica se dibujó en mi rostro.

― ¡Por supuesto que no! ―exclamé― ¿me crees tan imbécil para acercarme a un vampiro, poniendo en riesgo a toda mi gente? ―entonces sonreí con soltura―además, ¿qué motivo tenías para acercarte a mí?

Sus ojos me miraron sorprendidos. Por dentro podía saborear la victoria de esta batalla verbal.

―Me gusta investigar, me gusta deducir―dije fuerte y claro― ¿tú crees que no me daría cuenta de que tus principales intenciones en un inicio eran envolverme para poder matarme a gusto? ―él no dijo nada en respuesta y supe que había dado en el clavo―la razón era esa desde un principio, pero los planes cambiaron, ¿por qué?

―Porque me enamoré de ti―reí de forma sarcástica, aunque fui un desastre en ese instante.

―Tú no sientes amor por mí―contesté firmemente―el amor puede ser egoísta, pero también es desinteresado, tú has buscado tu propia satisfacción a costa de la mía. Eso no es amor.

― ¡Tú no sabes nada de mí!

― ¡Por supuesto que no sé nada de ti, tú dejaste que así fuera!

Lo vi, como si se tratara de una película de acción oriental. La tensión en su brazo izquierdo, una reacción en su dedo índice. Un movimiento casi imperceptible, excepto para mí.

Y antes de que incluso yo lo supiera, había buscado la seguridad de la rama más próxima para escapar de su fuerte mano que, segundos más tarde, se había abalanzado hacia el lugar en el que antes me encontraba.

― ¿Cómo hiciste eso? ―me preguntó.

Alétheia se puso en alerta y se acercó a paso raudo hasta Joshua. Sus facciones habían perdido el tinte de diversión que antes había adoptado al vernos pelear verbalmente.

Enfoqué mis ojos en ella entonces, al vislumbrar que Joshua aún no salía de su sorpresa inicial. Esta vez, fijé mi vista en los pies descalzos de ella.

De nuevo, un movimiento imperceptible, el ademán de saltar a mi encuentro.

Alétheia quedó atrás. En la rama en la que yo había estado, mientras yo había saltado hacia el suelo, unos metros alejada de Joshua.

Sorprendida de mí misma, quise sacarme los ojos para poder analizarlos mejor. Había visto hacer ese tipo de cosas en la TV antes, películas como Karate Kid eran pioneras en ese tipo de cosas de prever lo movimientos de los atacantes y sabía que algunos practicantes realmente tenían esa capacidad, pero yo… ¡yo ni siquiera sabía cómo hacer una patada voladora y era pésima en los deportes siendo humana!

―Kallisté―dejé escapar un grito de sorpresa. Me había entretenido con mis pensamientos y había olvidado que Joshua estaba a tan sólo unos metros de mí― ¿cómo hiciste eso?

― ¿Tengo cara de saberlo? ―espeté.

Movimientos,  había previsto una acción antes de que siquiera movieran un músculo verdaderamente, pero qué otras cosas se podía hacer con esto.

―Si piensas tocarme, olvídalo―amenacé. Mientras seguía mirando mis manos, había logrado ver el movimiento instantáneo de los dedos de él.

Entonces comencé a atar cabos sueltos. Alétheia también se había acercado.

― ¿Cómo?

―Deja de hacer la misma pregunta―gruñó la mujer.

Un vampiro ha sido humano alguna vez, los humanos tendían a moverse involuntariamente en cada acción o dicho que hacían. Así la policía lograba sacar las mentiras a flote, los mentirosos siempre tendían a sudar, a mover los ojos incesantemente y a hacer un montón de gestos. Todo ser humano tiene un tic que delata su estado emocional o sus acciones a llevar a cabo, pero eran pocos las personas que se dedicaban a ver esto con profundidad. De hecho, yo, de todas las personas que había conocido, el único que había prestado a tención a los detalles y me descubría antes de que hiciera alguna fechoría cuando niña, había sido mi abuelo paterno y eso era porque me conocía al revés y al derecho.

―Parece que alguien tiene el don de la deducción―Alétheia se burló sin gracia.

Y supe que esa era una oportunidad. Si bien Joshua tenía una súper fuerza que podría equipararse a la de Superman, yo podría deshacerme de ellos con facilidad y escapar.

 

Storm Forever: Capítulo XVII

Posted in Capítulos on 22 octubre, 2011 by Aline S.V

La primera cacería

Me negaba a pasar tiempo a solas con él.

Si tenía que elegir entra la arisca y petulante Alétheia y el egoísta y manipulador Joshua, prefería pasar horas maldiciendo abiertamente a la primera y que esta me respondiera, a tener que soportar estar en la presencia del hombre vampiro más cínico que hubiera pisado la faz de la tierra jamás.

Joshua me miraba insistentemente a medida que las horas pasaban, pero me negaba a devolverle abiertamente la mirada desde el rincón en el que me había aovillado. El cadáver aún estaba allí, tendido en el suelo y llenándose de hormigas a medida que pasaba el tiempo, Alétheia lo miraba despreocupadamente y comentaba al aire el cómo debía disponerlo todo para que este fuera encontrado por la policía.

Sentí asco de ella y asco de mi misma. El primer rechazo era porque la mujer actuaba como si se tratara de lo más natural del mundo, siendo que ella alguna vez había sido humana y que no le hubiera gustado nada estar en la posición en la que se encontraba Sin Nombre y el segundo rechazo era porque, de una manera inconsciente y llevada por el instinto primario, había terminado por engullirme todo la sangre que por él alguna vez corrió.

Eso mismo me había pasado a mí ¿no? Joshua me había mordido, de eso estaba segura, sentía los relieves sobre el área entre el cuello y el hombro cada vez que pasaba mis dedos por el sector, además que recordaba vagamente fragmentos de la conversación que Alétheia y él habían tenido mientras me debatía entre  las consciencia y la inconsciencia.

Una parte de mí tenía una curiosidad insana por saber cómo había sido que yo había sido transformada y  por qué este hombre, que yacía a unos metros de mí, no despertaba como vampiro, pero esas dudas que me abordaban tampoco tenían un interés real de salir de mi cabeza, por ahora, lo único que deseaba era mantenerme lo más alejados de esos  dos enfermos.

―La noche comienza―Alétheia hizo un movimiento rápido, mis ojos lograron captarlo no sin antes un poco de dificultad. Ahora entendía el por qué nunca alcancé a ver a ninguno de los dos cuando estuve a metro de ellos, su velocidad superaba la de un guepardo.

― ¿Dónde lo dejarás al final? ―Joshua se levantó de su sitio al otro extremo de la casucha.

La vi sonreír mientras sus ojos brillaban por la malicia. Ella levantó el cuerpo como si se tratara de una pluma y se lo echó al hombro antes de dirigirse hacia a mí.

―No fuiste nada tonta al tener ese mapa y marcar las zonas en que dejaba a estos sujetos―señaló el cuerpo en un movimiento de cabeza― ¿acaso no te diste cuenta de que el círculo se iba cerrando en torno a ti?

Sí, la primera vez que había marcado el mapa, ¡claro que me había asustado!, pero el hecho había pasado al olvido cuando los asesinatos cesaron, el miedo sólo volvió a mí cuando me atreví a volver a abrirlo y eso no había sido hace mucho más de tres o cinco días atrás. Pero aún así, había creído que era sólo una coincidencia más.

―Lo dejaré bien cerca de tu ex casa―sus frías palabras fueron peor que todo el berrinche interno que comenzaba a montarme por mi falta de sensatez.

― ¡No! ―rugí.

―Descuida, niña, sólo voy a darles un regalo para que sepan que tu destino cayó en las mano del asesino enserie―se encogió de hombros―además, no pienso tocarlos en la medida que tú te portes bien, sino, puede que le haga una amena visita a tu hermanita o tal vez a tu abuela.

Rugí fuertemente entonces y quise abalanzarme sobre ella una vez más, pero sólo la amenaza me detuvo contra la pared.

―Bien, me tomaré mi tiempo―señaló entonces hacia Joshua―llévala de cacería y asegúrate de que no haga ninguna estupidez.

Él asintió, sus ojos rojos refulgieron por la anticipación. Yo simplemente hice una mueca de asco cuando Alétheia salió a la velocidad de la luz por el agujero de la puerta.

Joshua se me acercó entonces, extendiendo su mano para ayudarme a levantar, pero la negué haciendo una mueca y me paré por mí misma. No era una mujer delicada y él lo sabía. Además, todavía seguía furiosa y dudaba mucho que ese enojo llegara algún día a extinguirse.

Él me miró decepcionado, sin embargo, pero no dijo nada con respecto a mis desaires.

―Será tu primera cacería―comentó mientras caminábamos hacia las afueras de la casucha.

―Hubiera deseado que esto jamás ocurriese―solté con desprecio. Él pareció tensarse, pero evité un contacto visual directo y me dediqué a observar mi alrededor, el lugar era un bosque muchísimo más denso del que recordaba haber visto antes de que me golpearan la cabeza, el clima se había vuelto húmedo y una niebla ligera había empezado a formarse entre las copas de los grandes árboles, amenazando con bajar en cualquier momento.

El sol se había ido, una tenue oscuridad se estaba cerniendo, los últimos rayos apenas iluminaban el cielo, dejándolo de un color morado azulino y aunque apenas lograba ver retazos por las ramificaciones de los árboles, podía ver sectores en los que ya estaba de un encendido azul rey.

―Vamos―musitó―necesitas alimentarte―insistió con una voz ausente.

Joshua corrió hacia el bosque de la misma forma en que lo había hecho Alétheia, sólo se detuvo cuando notó que yo no le seguía.

―Muévete―insistió secamente.

Fruncí el ceño en respuesta y miré mis pies. Aún llevaba las zapatillas puestas, mis pies se sentían prisioneros, mis dedos no se sentían bien como para correr con la naturalidad con la que corría él.

Me hinqué y en un par de movimientos las desgarré. Algo en mi cabeza hizo clic, me reprendía el hecho de haberlas roto después de lo caro que me habían salido, pero la bestia reía y asentía, diciendo que no necesitaría más esas cosas para andar.

Cuando mis plantas tocaron la superficie del bosque, el regocijo inflamó mi pecho. Moví mis dedos libremente, sintiendo las piedrecillas, que no eran más que una molestia diminuta bajo ellos, miré hacia adelante… y corrí.

Corrí, superando a Joshua, que me seguía unos metros más atrás.

El bosque se desdibujaba ante mis ojos, el verde oscuro de las hojas; la madera; el musgo, los animales… todo era un manchón de colores. Nada tenía forma mientras corría.

― ¡Kallisté! ―exclamó detrás de mí.

El aroma impactó contra mi nariz como si de una pared de ladrillos se tratara, el mismo aroma tóxico que me había vuelto loca en horas previas. Era denso y claro, muchísimo más poderoso que del Sin Nombre.

Rugí por la ansiedad, pero los fuertes brazos de Joshua me sostuvieron antes de que iniciara mi carrera en pos de ese olor embriagante.

―No te abalances antes de tiempo―susurró contra mí.

Sin saber cuándo, ambos nos habíamos detenido sobre una gruesa rama alta. Ni siquiera me había dado cuenta del momento en que había abandonado la tierra firme, para saltar de rama en rama.

―Iremos con calma―y entonces tomó mi mano.

Instintivamente, hice un esfuerzo para separarme de su agarre, pero mis intentos no tuvieron éxito. Joshua, ajeno a mis acciones o tratando de ignorarme, saltó al siguiente árbol, arrastrándome con él.

―Son dos―dijo de pronto, a medida que corríamos en dirección de la sangre.

― ¿Cómo lo sabes? ―gruñí, aunque intentaba concentrarme de lleno en el aroma, el tacto de él me producía cierto escozor, por más ridículo que sonara.

―Si oyes con atención―comenzó y volvió a detenerse en una rama. Le mostré los dientes en una amenaza, estábamos demasiado cerca como para dejar de lado mis ganas de morder piel―escucharás dos ritmos de latidos distintos―lo miré incrédula.

―En este bosque debe haber más que dos personas, hay muchos animales a los que les late el corazón.

Él sonrió. La primera vez que lo hacía desde que yo había despertado.

―Pero el latido del corazón humano es distinto al latido del corazón de cualquier otro animal y viceversa―entonces golpeó suavemente mi coronilla con la mano libre y continuó: ―ahora concéntrate, los encontrarás con facilidad.

Dicho y hecho, miré hacia adelante y me concentré en escuchar. Los sonidos de los animales eran mucho más fuertes de noche que de día, el ulular de las aves nocturnas, el sonido de los roedores; las manadas moviéndose de un lado a otro, las bestias carnívoras al acecho. Podía escuchar cada latido y cada movimiento a través de mi oído y esa realidad me mareó un poco hasta que, finalmente capté un ritmo distinto de latido. Exactamente como había dicho Joshua, eran dos.

―Al este―señalé suavemente. El vampiro junto a mí sonrió complacido.

―Sabía que serías una perfecta vampira.

―Me das asco―respondí ásperamente.

Joshua volvió a quedarse en silencio y seguimos nuestro corto trayecto hacia el lugar por el que se oía ese latir de corazón tan exclusivamente humano.

Al verlos, sonreí para mí. Ocultos entre el follaje, ellos ni siquiera notaban que un par de monstruos los vigilaban.

Los hombres miraban hacia sus costados, apuntando con grandes linternas  hacia cualquier rincón cerca de la superficie que estuviera cerca de ellos y de vez en cuando se quejaban de lo lento que habían caminado.

Joshua dejó de presionar mi mano contra la suya y me dio libre albedrío. Me relamí los labios cuando la sensación en mi garganta se intensificó y salí a su encuentro.

Ninguno de los dos supo lo que les pasó. Antes de que pudieran hacer siquiera un comentario con respecto a mi inesperada aparición, yo me abalancé junto al más cercano, rompiéndole el cuello de un golpe  y luego hice lo mismo con el otro que intentó escapar.

Estando ambos cuerpos tendidos sobre el suelo húmedo del bosque, me dediqué a saborear cada gota, sin dejar ningún resquicio dentro de sus conductos sanguíneos. La sangre goteó por mi cuello, manchando mínimamente mi ropa, pero no me importó mucho. Cuando estuve saciada y lamí los restos de mi cara como pude, una parte de mí  no pudo; sino, alegrarse de que parte de la monstruosa sed se extinguiera.

La bestia dentro de mí rugía de orgullo por tremenda hazaña.

―Bastante bien para ser la primera vez―comentó Joshua a mis espaldas. Su manos aplaudieron e hicieron eco en el lugar―gruñí en respuesta, no quería que estuviera tan cerca de mí―ahora, una última cosa que debes aprender―me dijo suavemente.

Lo miré posicionarse frente a uno de los cadáveres y levantarlo con la misma ligereza con la que lo hacía Alétheia. Por un segundo, inocentemente, pensé que lo quemaría o lo llevaría a un lugar para que fuera encontrado, pero no fue así. Ante mis ojos vi como él despedazaba el cuerpo, extremidad por extremidad, esparciendo sus órganos sin reparo sobre el suelo.

―Los animales terminarán de devorarlos―sonrió siniestramente―por eso les daremos una pequeña ayuda, para que nos cubran.

Storm Forever: Capítulo XVI

Posted in Capítulos on 22 octubre, 2011 by Aline S.V

El horror de la sed

Tomé bocanadas de aire que me supieron nada más que a polvo, una sensación abrazante hacía mella en mi garganta mientras mis ojos se abrían hacia la luz. El polvo era algo visible en este momento, sus partículas flotaban por todas partes mientras yo analizaba lo que me estaba ocurriendo.

Había sentido un dolor inexplicable durante horas y ahora la sed me hacía sentir en llamas. Era como si me hubiesen drogado.

Apenas pude incorporarme en lo que fuera que estuviese echada, el techo de madera roída y llena de agujeros filtraba la luz del sol, estaba en una casucha abandonada, lo delata el polvo y la madera que olía a podrido.

Tragué duró y entonces fui consciente de que el líquido que bajaba por mi garganta no se sentía exactamente como saliva, era incluso un poco más espesa y me provocaba ardor. Supuse que estaba deshidratada.

Kallisté Telias, piensa. Me dije mientras intentaba concentrarme en mis últimos recuerdos.

La voz de Joshua llegó a mi mente claramente entonces y un mar de rabia azotó contra mí. Sus palabras, sus falsas promesas; la salida por su cumpleaños, aquella mujer… Alétheia.

Y llegó el miedo. Me miré las manos pálidas, casi sin pigmentación, tan blancas como la piel de Joshua. Estaba viva, por lo menos sentía que estaba viva y no en el Cielo… aunque podía tomarse como si estuviera en el Infierno por el simple hecho de estar allí, en sabe quién qué lugar.

Me levanté con una agilidad sobrehumana, me mareé en el proceso y sentí que mis pies incómodos por las zapatillas, como inflamados por la opresión.

Esto no estaba bien, ellos debieron haberme drogado para dejarme en condiciones en que todo mi cuerpo parecía ajeno a mí.

Meneé la cabeza, ajustándome a las sensaciones de mi alrededor, escuchaba claramente el sonido de los pájaros y el murmullo de las hojas, así como el ir y venir de alguien fuera del pequeño y podrido lugar en el que me mantenían cautiva. Tenía que escapar de alguna forma.

Miré hacia un costado, hacia una ventana de no más de cincuenta centímetros de ancho, era una opción perfecta para no encontrarme cara a cara con ellos, debía llegar a la civilización pronto, sino quería ser una más en la lista de personas muertas de la ciudad de Sussex.

Pero justo cuando quise dar el paso decisivo hacia mi salvación, la puerta se abrió de par en par y al chocar cayó al suelo estrepitosamente, las bisagras se habían deteriorado tanto que no había soportado el impacto.

Un gruñido bestial salió de mi garganta de inmediato. La mujer me miró diabólicamente complacida y tras ella apareció aquél que me había llevado a la peor trampa de mi vida.

Joshua se mantenía impertérrito sin embargo, como si la situación no fuera más que un juego. No supe cómo había sido tan imbécil. A mí volvieron  los recuerdos de los comentarios suspicaces de la teniente, se burlaban de mí.

―Pensé que tardaría un poco más de tiempo―suspiró ella. Su voz era mortalmente deliciosa. Era la mezcla entre la voz de una niña y una mujer sensual.

―Déjame ir―gruñí. No reconocí mi actuar, pero una parte de mí, una bestia que nunca antes había conocido, pujaba por salir y destrozar a ambos sujetos.

―En el estado en el que estás, me temo que es imposible―se burló, dio unos pasos hacia mí, dejando que los rayos de sol que se filtraban tocaran su piel. Dejé escapar un jadeo ahogado cuando la piel expuesta brillo como si se tratara de un manto de diamantes.

¿Qué era ella?

―Vampira―respondió. Al parecer, había dicho lo que pensaba.

―No―negué de inmediato. Mis pies se separaron y puse mis manos en puño frente a mi cara de forma instintiva.

―Tú también lo eres ahora, Kallisté Telias, no puedes volver con los humanos a menos que no sea para matar―aquellas palabras las dijo lentas, pero claramente y calaron en mi subconsciente con tanta fuerza que me descolocó. Ni siquiera pude reaccionar cuando Joshua me retuvo en un abrazo opresivo por la espalda. Luché contra él, pero su fuerza era descomunal, tanto que; aunque me moví, él no hizo ni siquiera el intento de pelear contra mí.

―No lo intentes―rió ella. Su cabello castaño largo y ondulado se meneó suavemente, sus pies se movieron hasta llegar justo a unos centímetros de mí―aún siendo una neófita con súper fuerza, la fuerza de Joshua es, por lejos, superior a la tuya.

Rugí en respuesta, quería destazarla ahí mismo y mis manos intentaron llegar a ella sin éxito.

―Kal…

― ¡No te atrevas! ―grité furiosa, la garganta me quemó más― ¡tú menos que nadie, tienes derecho a llamarme por mi nombre!

Pude verlo por el rabillo del ojo, sus facciones se deformaron en una mueca dolorosa y su agarre se volvió menos potente, pero no lo suficiente como para que me permitiera salir huyendo de él.

―Tiene carácter―se burló ella―no se te hará fácil el domarla.

― ¡Púdrete en el infierno, puta! ―le grité.

¡Yo no era una animal, yo no era una bestia como ellos, me negaba a creer que me hubiesen llevado a esa profundidad!

―Y una boca sucia―dijo esto con desprecio y se alejó un par de metros.

―Alétheia―advirtió el hombre detrás de mí, podía sentirlo gruñir suavemente, su pecho vibraba contra mi espalda.

―Has sido tú el que se ha encaprichado por esa chiquilla, tú te harás cargo―declaró―aunque de todas formas debe alimentarse o será un problema.

La sola mención de alimento me volvió loca, me restregué contra el cuerpo de él, luchando por salir corriendo. Necesitaba comer, necesitaba saciar la sed que me quemaba. ¡Mi cuerpo me lo pedía a gritos!

―Iré por algo de alimento―con una risa casi maquiavélica, ella desapareció en un pestañeo. Su velocidad era increíble.

―Kallisté, no deseo hacerte daño―Joshua me susurró al oído, sin embargo, no me estremecí por el placer que antes me causaba esa simple acción, me estremecí porque su cercanía era insoportable.

―Me has convertido en un monstruo―dije. Mis ojos picaron, pero de ellos no brotaron las lágrimas que por dentro deseaba que salieran. Fui consciente de que mi corazón no palpitaba y de que mi sed no era otra que la ansiedad por la sangre y el hecho me horrorizaba.

―Prometiste estar conmigo por la eternidad y más allá de ella―furiosa, clavé mis uñas en su antebrazo, dejando franjas en ellos, pero él no sangró.

―Prometí algo que cualquier estúpida enamorada haría―con la mirada llena de odio, lo miré lo más directo que podía al doblar mi cuello―tú, en cambio, destruiste todo de mí…

―Kallisté―nunca lo había visto con las facciones doloridas, pero ahí estaban.

Pero no aplacó la rabia, no aplacó las ganas que tenía de matarlo ahí mismo. Cada una de sus palabras habían sido mentiras, desde su abuelo a su trabajo, desde su gusto por la medicina hasta sus palabras alentadoras para alcanzar mis metas. Todo era un vil juego para hacerme esto.

―Mi familia, mis amigos, mi futuro―enumeré cuidadosamente―me robaste todo, ¡me robaste la oportunidad de tener una vida, hijo de puta! ―acusé.

Luego de eso, él no dijo nada, pero no me dejó ni un centímetro separarme de sus brazos. Ni siquiera cuando quise sentarme para pensar las opciones que tenía para matarme o por lo menos correr lejos de él y su compañera.

Mi cabeza era un caos, el mar en medio de una tempestad. A veces podía pensar como humana, lograba discernir de lo bueno y lo malo y añoraba volver a casa lo más pronto posible, pero esos pensamientos sanos eran opacados por la bestia que se había despertado tan pronto fui consciente, este ser que yo detestaba se hacía paso en mí y destruía, uno a uno, mis creaciones positivas y me arrastraba con ella hacia la ansiedad y me gritaba que fuera a matar, que me alimentara y saciara la sed.

Si pudiera vomitar, lo haría, pero como no puedo, sólo me queda el hecho de imaginármelo.

―Alétheia se acerca―murmuró él, luego de un largo mutismo.

― ¿Cómo lo sabes? ―pregunté bruscamente, pero no tuve que esperar una respuesta en palabras. El olor delató cuán cerca ella estaba.

El aroma del metal era fuerte, muy fuerte. Mi boca se llenó con ese líquido espeso que no era saliva. Respiré hondo, aspirando el polvo que pululaba por otras partes, atrapando en mi nariz otros olores desagradables, pero ninguno superaba a ese magnífico olor.

Ante la impaciencia, volví a ponerme de pie, arrastrando conmigo a  Joshua. Mis uñas volvieron a hundirse en su carne con más fuerza.

¡Lo necesitaba ya!

Como si mi petición hubiera sido escuchada, Alétheia entró por la entrada principal, sobre sus hombros traía el cadáver de un hombre y aunque la impresión me descolocó en un principio, no pude evitar sonreír y mostrar mis dientes con toda la alegría de la anticipación.

―Está fresco―dijo ella y entonces tomó el peso muerto con el menor cuidado y me lo lanzó a los pies.

El aroma me golpeó con más fuerza y gruñí ansiosa. Empecé a pelear con el agarre de Joshua, sus brazos me impedían apoderarme de esa sangre fresca, lo necesitaba. Él entendió esto y pronto terminó por soltarme.

Me abalancé sobre el cuerpo, lo inspeccioné con la mano. Sus ojos seguían abiertos y su mirada era la de una persona aterrada por lo que hubiera visto, la mueca me resultaba incluso desagradable para mí, pero no tardé en desviar mi mirada para centrarme en un lugar muchísimo mejor.

Desgarré el cuello de la camisa a cuadrilles que llevaba y antes de que pudiera pensar en mis acciones, llevé mi rostro a la arteria o vena más expuesta y mordí.

La sangre que salió de él aún estaba caliente, el sujeto realmente no había muerto hace mucho, pero eso pasó a tercer plano mientras degustaba el sabor del líquido rojizo, el mundo se difuminaba mientras succionaba con toda la fuerza que podía, no escuchaba ni el piar de las aves, ni el murmullo del viento, tampoco los pasos de los otros dos vampiros que me rondaban.

Encerrada en esa burbuja, el tiempo pareció detenerse, pero todo acabó cuando la última gota de sangre fue saboreada meticulosamente por mi lengua.

Al alejarme, noté que mi barbilla goteaba y pasé mi antebrazo por ella, para evitar perder más de ello. Lamí rápidamente los restos en este y luego me di la vuelta, dándole la espalda al cuerpo.

― ¿Más? ―mi voz sonó como una plegaría.

―No, no todavía―contestó Alétheia con una sonrisa satisfecha.

― ¡¿Por qué no?! ―le grité.

La sed estaba ahí, no se había mitigado. La sangre de aquél hombre no era suficiente para saciar mi apetito voraz.

―Aprenderás a controlarte―amenazó―no olvides esto, Kallisté, tu eres imprescindible y, mientras tú no sabes cómo acabar contigo misma, yo sí sé cómo acabar contigo… pero primero con tus seres queridos.

Me abalancé sobre ella tan pronto la imagen de mi familia y amigos se formó en mi cabeza. La golpeé duro, mis puños se hundieron en su estómago mientras yo rugía de ira. Alétheia arremetía contra mí entre mis golpes, arrojándome lejos, acertándome algunos puños en la cara.

― ¡Basta! ―Joshua rugió con tal potencia que hizo que los cimientos de la deteriorada casucha se estremecieran.

―Ya lo sabes―siseó ella, mientras recuperaba la compostura y la larga camiseta que llegaba encima era acomodada por sus manos―o te controlas o destazo a tu familia y   amigos uno por uno.

―Basta, Alétheia―ordenó.

―No vengas a ordenarme, Joshua, recuerda que soy superior a ti―lo miró con sus ojos rojos refulgiendo en una amenaza silenciosa―y agradece que no la he matado, porque si por mí fuera, hubiera acabado con ella la misma noche en que cometiste ese error.

Ella se alejó hacia la salida, su cabello se mecía de un lado a otro en su andar. Ella era alta, pero no tanto como había pensado que era, su cuerpo brillaba en ciertos sectores por el reflejo de la luz… era la visión de una perfecta y monstruosa asesina.

Finalmente, mi cuerpo se deslizó hasta al suelo. ¿En qué lío me había metido?

―Más tarde, te enseñaré a proveerte de alimento―la voz de Joshua me llegó amortiguada, no tenía ganas de escuchar muchas cosas de la boca de él.

La sensación de ardor en mi garganta se incrementó en ese segundo.


 

Storm Forever: Capítulo XV

Posted in Capítulos on 22 octubre, 2011 by Aline S.V

Un deseo para la eternidad

 

No era bueno mentirles a tus padres de cosas tan delicadas como aquellas, pero mi paciencia y mi cordura ya no daban para más. Berenike me acompañaba, sin embargo, porque había dado la excusa barata de querer ir a comprar algo de ropa más veraniega. El sol era cada vez más recurrente y el calor tampoco me ayudaba a pensar en frío.

Berenike aprovechó de comprar un par de sandalias para pasear durante la época estival y yo, simplemente, me compré una bonita remera celeste, bastante femenina. Aunque la excusa había sido el principal motivo por el que me dejaran salir un rato, saqué muy pronto de las tiendas a mi hermana y nos montamos en el auto sin decir ni una sola palabra.

Ella no tenía por qué saber lo que quería hacer, pero en su rostro se reflejaba la incomprensión cuando estacioné frente a la comisaría.

― ¿Qué hacemos aquí? ―preguntó.

―Necesito hablar con la teniente―fue mi escueta respuesta antes de girar la llave en el contacto y sacarla bruscamente―quédate aquí y mantén las puertas aseguradas.

―Kal―musitó. Estaba nerviosa, quizás nunca antes me había visto tan ansiosa, molesta y desesperada en su vida, pero siempre había una primera vez para todo.

―Sólo será un minuto―le sonreí para aliviarla y, aunque no tuvo mucho efecto, le di la espalda y terminé por bajarme del auto, cerrando la puerta tras de mí.

Corrí hasta la puerta principal y pregunté sin mayor recato por Samantha Brown. El oficial que me atendió me llevó con ella de inmediato, pasando por entre todos los escritorios hasta una pequeña oficina, al extremo derecho del lugar.

―Teniente―llamó el hombre, mientras abría la puerta.

Ella alzó el rostro por sobre los papeles que revisaba y se quitó los anteojos.

―Señorita Telias―musitó al verme. Tan sorprendida estaba que ni siquiera se levantó de su asiento―gracias, Smithson, puedes retirarte―balbuceó.

El hombre la miró seriamente, pero asintió y me dejó con ella a solas.

Cerré la puerta suavemente antes de ir a sentarme frente a su escritorio sin ninguna invitación previa.

― ¿A qué se debe tu visita? ―preguntó, su manos cerraban los archivos rápidamente.

―Sé que han ocurrido otros tres asesinatos después de mi última experiencia―suspiré, luego tomé el pequeño bolso que traía conmigo y de él saqué mi vieja libreta de reportera.

― ¿Estás preocupada por eso? ―preguntó sutilmente, casi de una forma maternal.

―No―musité―bueno, sí estoy inquieta, pero no es por eso que estoy aquí.

― ¿Entonces…?

―No tienen ningún sospechoso―declaré, la mujer se quedó de piedra un segundo antes de adoptar una postura más seria.

―No debes preocuparte más, Kallisté, la policía está trabajando en ello…―

―No lo suficiente―mascullé―he estado encerrada todo este tiempo y quería que este año fuera especial, pero no de esta manera―acusé, sabía que no estaba bien desquitarme de esta forma, pero había llegado a un punto en que las cosas sólo querían salir de mí―mi amiga se ha marchado y no ha podido volver por este sujeto y yo no he podido tener una vida normal desde entonces. ¡Estoy furiosa porque la policía aún no la atrapa! ―exclamé entonces.

―Entiendo toda tu frustración, pero debes entender que no debes arriesgarte―comentó con toda la calma que yo no tenía.

―Mi frustración es lo que menos importa―musité, aunque había soltado una sarta de cosas antes, y levanté la libreta que durante mi estúpido e irrelevante discurso había abierto y se la mostré.

― ¿Qué es esto? ―preguntó mientras la recibía.

―Tiene un mapa con los lugares en los que fueron encontradas las víctimas y una serie de suposiciones que saqué luego de escuchar unas cuantas noticias sobre el tema―musité―no sé si es algo que ayude, era una investigación que estaba haciendo por mi cuenta, pero ya llevo demasiado tiempo sin hacer nada y veo que ustedes también están estancados.

Con el ceño fruncido, ella leyó cuidadosamente toda la información que le había entregado, dejando de lado el papel que contenía el mapa con las zonas marcadas.

― ¿Vampirismo? ―musitó al dejar de leer.

― ¿A ninguno de los investigadores se les pasó por la cabeza? ―pregunté en un tono molesto, mientras me cruzaba de brazos― ¿a cuántas, de todas las víctimas, le encontraron rastros de sangre en el organismo?

―Eso no puedo decírtelo―contestó de una forma más violenta.

―Sólo los que fueron encontrados in fraganti ¿cierto? ―insistí―pero el resto, aunque hayan sido quemados, deberían tener rastros de sangre en el cuerpo, sin embargo, se encontraron secos… como si le hubieran drenado todo―mi voz sonó sombría. Ella me miró y luego frotó sus dedos contra sus sienes.

Al parecer, no era la única frustrada dentro de esa habitación.

―Kallisté, no podemos centrar una investigación en una suposición―contestó al final.

― ¿Y van a esperar a que haya otras cinco personas muertas antes de hacer algo? ―inquirí con la misma fuerza que antes―es cierto que son suposiciones, hasta a mi me costó un poco tomar esa opción, pero calza, ¿qué otro motivo tendría esa tipa para dejar seca a sus víctimas y se tan cuidadoso para no dejar pistas? ―entonces me encogí de hombros y suspiré―suena como si fuera una loca, pero hasta las personas más locas, pueden llegar a ser cuerdas.

La teniente me miró con la misma cara de incredulidad que tenía al verme aparecer en su puerta y aunque intentó mantenerse al margen de mis teorías, terminó por quedarse con la libreta que había traído y me mandó de vuelta a casa inmediatamente, no sin antes advertirme que dejara de inmiscuirme en los asuntos peligrosos.

― ¡Kallisté! ―exclamó mi hermana al subirme al auto.

― ¿Qué? ―resoplé.

―Mamá ha llamado tres veces―me señaló mi celular en su mano―tuve que contestarle a la tercera―bufó―y he tenido que mentirle con que habías ido al baño ―asentí mientras ponía en marcha la máquina.

―Gracias―susurré―tenía que hacer esto o no estaría tranquila―Berenike asintió, pero no dijo nada en respuesta.

Al llegar a casa y disculparme unas cuantas veces por no contestar el celular, excusándome en el hecho de que no escuchaba por el ruido y que luego el bolso se lo había dejado a Bere mientras entraba al baño. Mi hermana me apoyó en todo y agradecía su discreción, aunque ella tampoco tenía noción de lo que había ocurrido dentro de la comisaría.

Al poco rato estaba encerrada en mi habitación, tratando de olvidarme de todo lo ocurrido y esperando porque llegara la noche pronto para recibir la visita de Joshua. Pero mientras tanto, le dediqué unas líneas por correo electrónico a Julie, prefería el medio escrito en este momento antes que usar el celular.

Luego de eso, simplemente me dejé caer sobre la cama y el sueño me venció.

El entumecimiento de mi cuerpo provocó que abriera los ojos apenas, una mano suave se deslizó por mi hombro descubierto y sonreí.

―Joshua… ―suspiré.

―No era mi intención despertarte―besó mi mejilla entonces y, tras alejarse, lo sentí moverse sobre la cama y luego la brisa helada ya no me molestó.

―Estoy un poco cansada, el día fue un poco estresante―le murmuré.

―Kal, sino puedes cambiarte, deberías acostarte debajo de las sábanas―volví a sonreír ante su preocupación.

―Ya… ―me moví despacio, quitándome las zapatillas sin desatar los cordones y luego saqué las sábanas a tirones para ocultarme bajo ellas.

Joshua se acomodó en mi contra y suspiró contra mi cuello.

― ¿Estás bien?

―Ahora estoy mejor―me di vuelta para que él me abrazara de frente. Le di una pequeña y adormilada sonrisa.

―Duerme entonces, Kal―insistió.

―Lo haré, cuando me digas lo que quieres decirme―él me miró, incrédulo por mis palabras.

Luego de reírme escuetamente sobre su cara, le contesté.

―Tienes una carita ansiosa―Joshua me sonrió y besó mi frente, una costumbre que habíamos adoptado desde la noche en que me besó por primera vez.

―Eran dos cosas, pero pueden esperar hasta mañana―negué suavemente entonces y él sonrió―de acuerdo―comenzó―lo primero, quería pedirte que fuéramos pareja estable.

― ¡Novios! ―exclamé mientras me levantaba. Y luego me tapé la boca de forma caricaturesca, miré hacia la puerta y esperé por algún sonido, pero nada llegó desde afuera. Más relajada, volteé a verlo― ¿me lo estás pidiendo? ―dije ansiosa.

―Sí―asintió.

Me lancé a sus brazos y le planté un beso en la boca que él no tardó a responder, aunque fue corto y casto, no fue menos que los anteriores.

―Eso quiere decir que eres mi novia―bromeó, yo golpeé su pecho con mi palma, un gesto que me dejó algo adolorida. Sus músculos eran anormalmente fuertes.

―No hagas eso―rió.

―Lo siento―reí yo también.

―Lo otro que quería decirte―dijo en un tono más serio―mañana es mi cumpleaños y me gustaría que pasáramos el día juntos, pero ¿te gusta el campo?

Me acomodé entre sus brazos mientras lo escuchaba decir esas palabras.

―Sí, me gusta, a veces la ciudad es estresante―musité en su contra―me gusta la idea.

―Bien, entonces  ¿te parece que nos encontremos en la intersección de Pidgeon Road con County Road 628 a las cuatro de la tarde?―me preguntó.

― ¿Qué harás allí por esa hora? ―inquirí, desconcertada por su petición. Normalmente nos encontrábamos en la cafetería de siempre.

―Es una sorpresa―dijo en un tono burlesco e interesante, que despertó en mí la curiosidad. Sin embargo, Joshua se negó a darme más detalles y, finalmente, terminé rindiéndome.

Era costumbre despertar sin tenerlo a mi lado, aunque estaba segura que él se iba sólo después de que se aseguraba de que estaba en el quinto sueño. Afuera, estaba un poco nublado, sin embargo y eso me deprimió, pues esperaba que hubiera un sol brillante sobre nuestras cabezas, sin embargo, corrí animada al baño y me aseguré de dejarme la piel reluciente de limpia.

Era un día especial y quería que Joshua me viera de una forma especial. Dado que era el primer cumpleaños de él que pasábamos juntos y que él mismo me había dado el mejor regalo de cumpleaños hace unos meses.

― ¿Estás segura? ―insistió mi madre. La miré a través del espejo del baño mientras me peinaba por enésima vez en el día, en mi mente me decía que; efectivamente, Julie tenía razón cuando decía que me veía mejor cuando me dejaba el cabello suelto, revuelto, pero arreglado cuidadosamente al mismo tiempo.

―Está bien, quiero quedarme en casa y rellenar algunas de las solicitudes―mi madre aceptó esto con un suspiro. Era una excusa perfecta, dado que aún tenía varias cartas que enviar.

―Mantén la casa cerrada y no le abras a los extraños entonces―bufé en respuesta.

―No tengo cinco años―espeté de mala forma. Mi madre rió y negó con la cabeza.

―No, pero no tiene nada de malo repetir algunas cosas de vez en cuando.

Berenike ayudó a bajar las escaleras a la abuela, ella me sonrió suavemente y la abracé con ganas y con toda la fuerza que pude utilizar contra su viejo cuerpo.

―Nos vemos en unas horas, querida―me sonrió, haciendo que sus arrugas se pronunciaran.

―Quédate en casa, Kal―ordenó papá con voz severa antes de alzar la mano y despedirse con eso.

Bueno, esperaba no tardar demasiado, la abuela tenía un largo chequeo por delante, aunque fuera domingo, pero esperaba que todo estuviera bien y que yo estuviera de vuelta antes de que ellos regresaran o sino mi papá me iba a matar.

―Te traeré una caja de bombones cuando vayamos al súper―me dijo antes de salir.

Al cerrar la puerta me alegré y corrí escaleras arriba para terminar de arreglarme.

Al verme en el espejo sonreí, no es que hiciera mucho frío  afuera, por lo que podía estrenar mi remera nueva, no lucía tan exuberante, pero me veía mejor de lo que normalmente me veía; además de que íbamos a pasear al campo y no al centro comercial.

Alegre por mis egocéntricos pensamientos, corrí de vuelta a la primera planta, verificando la hora en mi celular, con el bolsito en mano donde llevaba mis documentos. No estaba fuera de hora, si iba a una velocidad aceptablemente rápida, llegaría unos diez minutos antes de nuestra hora acordada, así que no tardé en subir la cortina para sacar al cacharro y marcharme rápido.

Joshua estaba ahí antes de que siquiera aparcara el auto, parecía como si no hubiera tenido que caminar millas, porque de antemano sabía que él era bueno para las caminatas largas. Me saludó con una sonrisa mientras salía del auto, y tan pronto tuve las manos libres de todo lo que tuviera que ver con la maquina, apresuré el paso a su encuentro. Lo abracé fuerte y lo llené de besos mientras le recitaba su feliz cumpleaños.

― ¿Está bien si lo dejamos por aquí? ―musité suavemente, mientras él acariciaba mi espalda.

―No habrá problemas, no pasa mucha gente por este sector―luego tomó mi mano y me arrastró hacia la arboleda―he hecho un pequeño camping entre los árboles ―me dijo mientras yo le sonreía―por cierto, te vez preciosa.

―Quería darte un regalo―le señalé―aunque no sabía exactamente que querrías, me dijiste muy tarde y no pude comprarte nada apropiado, por eso… ―él rió antes de que pudiera terminar y simplemente me siguió jalando suavemente para que siguiéramos internando en la frondosa vegetación.

Entonces caí en la cuenta de que ya no era una arboleda, sino un pequeño bosque y me alegré, porque tampoco estaríamos comiendo junto a la carretera.

― ¿A tu madre no le molestó que pasaras unas horas de tu cumpleaños conmigo?―pregunté.

―Para nada, dijo que me divirtiera―él trepó sobre un tronco caído y me ayudó a hacerlo luego a mí.

La luz apenas se filtraba por todo el ramaje, pero el canto de las aves hacía del lugar una zona encantadora.

―Oye, pero no me has dicho nada sobre lo que quieres que te regale―insistí mientras Joshua hacía un viraje a la derecha. Me tropecé sin caer por una roca en ese instante, pero no me dolió gracias a las zapatillas.

―Lo material no me interesa―respondió animosamente―pero si quieres saber cuál sería el regalo perfecto para mí, podrías insistir un poco más―ante su sonrisa burlona, en apegué  a su brazo y lo miré desafiante.

―Quiero saberlo, por favor―lo miré con carita de niña buena. Soltó una carcajada antes de hacer que lo soltara, se detuvo a un metro de mí, frente a frente―por favor―rogué de nuevo.

―Bien―sonrió, sus ojos brillaron por la ansiedad―mi regalo perfecto sería que fueras mi novia por la eternidad.

Aunque me quedé sin aliento por un minuto, la sensación de regocijo que me abordó fue superior a la sorpresa inicial. Un pequeño ardor se instaló en mi bajo vientre mientras las mariposas aleteaban con más fuerza en mí estómago.

―Si hubiera eternidad, me encantaría pasar contigo lo que durara  y más allá―admití suavemente.

Joshua sonrió más amplío, mostrando sus blancos dientes, sus ojos volvieron a brillar, pero esta vez con una alegría contagiosa, que me hizo sonreír a mí también.

―Entonces, pasaremos la eternidad juntos―declaró como si de un niño se tratara.

Yo asentí, contagiada por su entusiasmo.

El dolor agudo no me dejó pensar muchas cosas más que no fuera el suelo lleno de hojas y piedrecitas, el impacto me había dejado aturdida. Mi mirada se desenfocó un poco mientras buscaba a Joshua. Sin embargo, me encontré con un par de ojos rojos que no reconocía.

Un escalofrío me recorrió al vislumbrar el rostro de una mujer, apenas podía distinguir bien sus facciones, pero su cabello era oscuro.

―Alétheia―escuché el gruñido de Joshua cerca de mí y entonces, alguien me levantó. Supe que era él, porque la mujer permanecía frente mío y me sonreía como si todo fuera un juego.

Entonces caí en la cuenta de que algo estaba realmente mal.

Tenía ganas de vomitar y llorar, esto no estaba bien. No, esto no debería siquiera estar pasando.

―Joshua…―articulé.

―Hazlo rápido y sin titubear o lo haré yo―siseó la mujer en frente de mí. Unas pintitas negras se apoderaron de mi visión… me iba a desmayar por la contusión―y no seré condescendiente con ella―la amenaza de sus palabras me dejó helada.

La mujer del parque estaba frente mío y la persona en el callejón cerca del cine… estaba sosteniéndome por la espalda.

―No dolerá, Kal, te lo prometo―me susurró. Pero yo no quería saber si dolería o no.

¡Yo no quería estar allí!

Todo calzaba en mi mente, el interés de Joshua por mantenerme alejada de todo lo que tuviera que ver con el asesino serial, sus ganas de mantenerse cerca de mí, su enojo cuando fuimos ese día a las escenas de los crímenes…

De mis ojos escaparon las lágrimas de rabia y decepción, pero más aún… de terror.

Nunca en mis años de vida pensé que la situación llegaría a estos extremos, tal vez se debía a que nunca había pensado que mi vida se acabaría de esta forma. Apenas puedo sentir mis brazos, ni hablar  de la punta de mis pies.

Mi cuerpo está entumecido, debo parecer una muñeca de trapo en sus manos, tan sumisa… apenas pudiendo respirar y con la visión cada vez menos clara, perdiéndome entre las sombras poco a poco.

―Va a ser rápido―insistió.

Un telón oscuro terminó por cegarme y apenas fui consciente del dolor agudo entre mi cuello y hombro antes de que me hundiera en un profundo abismo.

Storm Forever: Capítulo XIV

Posted in Capítulos on 22 octubre, 2011 by Aline S.V

Visitas nocturnas

 

Lo tomé de la mano mientras él entraba dificultosamente a través de m ventana. No parecía exhausto por escalar la pared, que al final no sabía cómo lo lograba, a mi me daba vértigo, pero él lo hizo sin mayores problemas.

Joshua miró mi habitación con interés y sonrió abiertamente antes de dejarse caer sobre mi mullida cama.

―Es tal cual imaginé que sería―musitó.

Agradecí que hablara tan bajo, porque sólo hace poco mi familia había ido a dormir.

―Tu pijama también es tal cual lo imaginé―musitó, señalando mi remera y mis pantaloncillos.

El sonrojo se hizo presente y él pareció anonadado al ver que mis hombros también sucumbían ante el color rojo. La verdad era que muy pocas personas sabían que más partes de mí se sonrojaban aparte de mis mejillas.

―Adorable―susurró. Yo negué con la cabeza y tironeé las sábanas para acostarme debajo de ellas. Joshua se acomodó entonces, junto a la pared, pero sobre toda las ropa de cama, para darme un poco de privacidad.

―No vuelvas a decir eso―le espeté suavemente. Él rió en cambio y se acurrucó un poco en mi contra, algo que hizo que mi corazón corriera rápido.

― ¿Te incomodo? ―susurró.

―No puedo decir que no―dije con total sinceridad―nunca he tenido a un hombre tan cerca―y en un lugar tan íntimo como mi habitación en una posición, en cierta medida, comprometedora.

―Te juro que no haré nada que te incomode, Kal―respondió.

Asentí suavemente con la cabeza y me giré un poco, para quedar cara a cara con él. Joshua pasó sus manos por mi cabello, sólo me contemplo mientras lo acariciaba y me sentí más segura por ello.

―Gracias…―suspiré.

― ¿Quieres hablar de algo antes de que duermas? ―me preguntó―aunque te vez un poco cansada.

―Mi cerebro está que estalla por los estudios, ya sabes, el SAT y la graduación―me encogí de hombros―necesito distraerme un poco.

―El estrés debe estar matándote.

―Literalmente―musitó. Él sonrió y besó mi frente.

―Mi graduación se acerca a pasos agigantados, ¿sabes? ―comenté, mientras delineaba con un dedo las facciones de su cara―me pone nerviosa el reprobar el SAT y no poder estudiar lo que quiero, he esperado ese momento casi toda mi vida y verme fracasando me aterra―suspiré.

―No tienes por qué tener miedo, Kal, es altamente probable que pases―dijo, sus manos acariciaron entonces mi cara.

― ¿Tú crees? ―susurré― ¿para ti fue muy difícil? ―pregunté.

― ¿El SAT? ―asentí―no, para mí fue bastante sencillo, lo malo es que no pude continuar con mis estudios.

Entonces me acomodé en un codo para verlo mejor.

― ¿Qué querías estudiar?

―Medicina―no fue una sorpresa, lo había escuchado hablar muchas veces sobre la enfermedad de su abuelo y lo ansioso que había estado de contribuir con algo más que dinero a su causa.

―Aún puedes estudiar―él rió un poco.

―Mi madre y yo somos casi unos Amish―se encogió de hombros―no tenemos grandes comodidades y vivimos de manera sencilla. Yo he estudiado en mi casa toda mi vida, así que jamás me relacioné con mucha gente que no fuera de mi círculo familiar.

Sorprendida por esto, dejé escapar un pequeño gritito. Nunca habíamos tocado tan profundo el tema de su realidad familiar más allá de su abuelo.

― ¿Te sorprende?

―En cierta medida no, me habías dicho antes que no tenías ni internet, ni teléfono―comenté― ¿tampoco tienes luz eléctrica en casa?

―No, mi madre prefiere las lámparas de aceite, son más baratas―comentó.

―Increíble―suspiré― ¿y como lo hacen con los alimentos?

― ¿Nunca te he contado en qué trabajo? ―yo negué suavemente―trabajo en las granjas cercanas, cuando comienzan las temporadas de cosecha, los propietarios me dan una parte, además de la paga. Mi madre trabaja conmigo también.

Eso explicaba el por qué tenía días enteros libres y el por qué de vez en cuando llamaba por teléfono.

―Es un trayecto largo hasta un teléfono público―musité.

―No te preocupes por eso, Kal, la mayoría de las veces no me cuesta nada encontrar uno―luego se acercó a mí y me abrazó.

―Me gustaría que pudieras cumplir tu sueño―Joshua aspiró el aroma de mi cabello, relajándome.

―Cuando mi abuelo se estabilice, tal vez comience a estudiar en uno o dos años―comentó―por ahora, lo único que me interesa es hacerle la carga menos pesada a mi madre.

Con una sonrisa, me acurruqué en sus brazos y dejé que el sueño terminara por vencerme, tenía un diploma qué sacar además de coquetear con mi pareja.

Joshua me miró con los ojos desorbitados mientras me subía a la cama de nuevo, traía conmigo un papel con fechas importantes. Específicamente, el papel con la fecha de mi graduación.

Estábamos ya a finales de abril y quedaban apenas dos semanas para ese día tan importante. Para estas alturas tenía varias cosas en mente, entre ellas el asunto del asesino serial, aunque intentaba quitármelo de la cabeza tan pronto una idea llegaba a mí. La teniente tenía razón y mis padres también, tenía que dejar de tentar a la suerte y aunque mi cautiverio me parecía frustrante, era necesario si quería mantener mi nariz donde debía. Lo otro que abordaba mi cabeza eran mis estudios y en eso sí que me había enfocado.

Si bien las sesiones eran extenuantes, tenía que admitir que prefería eso a seguir poniéndome nerviosa por lo que ocurría afuera, sino, me volvería loca.

― ¿Quieres que esté presente? ―me preguntó.

― ¿Es mucha molestia? ―inquirí, tampoco podía obligarlo a ir, pero consideraba que a estas alturas del año, que él conociera a mis padres era de lo que menos debía preocuparse.

―No, sólo me sorprende un poco, ellos no saben nada de mí todavía―entonces sonreí.

―Le he dado unas cuantas indirectas a mi madre sobre ti, en realidad, sobre un chico cualquiera que me gusta―él sonrió entonces― aunque está más centrada en Berenike, el tipo del que estaba enamorado a principios de año era un patán y digamos que no lo ha tomado muy bien.

― ¿Cómo es eso? ―musitó mientras recibía el papel e inspeccionaba su contenido.

―Típico figurón que se cree superior a todos los demás y que le encanta moverles el piso a las chicas sin el menor recato―Joshua soltó un gruñido, frustrado.

Yo sabía que él detestaba a esa clase de gente, me lo había dejado claro en varias ocasiones y yo compartía su misma frustración. Nunca me había gustado ver a mi hermana sufrir, pero tampoco podía echarle la culpa del todo al sujeto ese, mi hermana, después de todo, había sido la que se había fijado en él en primera instancia.

―Cambiando de tema―comenté― ¿crees que puedas asistir?

―No lo sé realmente, haré lo que pueda―declaró―para ese entonces estaremos en la última cosecha y empezaremos a plantar las nuevas semillas―entendí de inmediato a lo que se refería.

―Joshua, no te lo estoy exigiendo―musité mientras acariciaba su cabello negro―es por si acaso. Entenderé si estás ocupado por el trabajo, además, no se me va a acabar la vida porque no vengas.

Él sonrió entonces y me besó.

Como era de esperarse, él no vino.

No podía culparlo, un día menos que trabajara sería menos dinero y en su situación, debía recolectar lo que pudiera por la salud de su abuelo y por su madre. Así que en parte agradecía el que no viniera, no podía soportar el que se viera perjudicado por mí, aunque sentía esa amargura de no poder compartir ese momento tan bello junto a él y mostrarle mi diploma de graduada con toda una sonrisa triunfadora en el rostro.

Esa noche, cuando entró por mi ventana, mi cuerpo chocó contra él como nunca lo había hecho antes. Lo besé con tanta ansiedad que quedó impresionado por mi forma de actuar.

Sonrió para mí toda la noche mientras le contaba extasiada los pormenores de ese gran día y le comentaba lo nerviosa que estaba por la última prueba y las postulaciones universitarias, él me escuchó atentamente y me observó con esa chispa divertida que me hacía ver el mundo de colores.

Julie tenía razón, cuando había hablado con ella esa mañana, nunca podría encontrar a una persona como él, tan atento y preocupado, pero que; al mismo tiempo, me diera el espacio suficiente como para vivir mi vida.

Lo único que me preocupaba ahora era que todavía no me pedía ser, oficialmente, su novia y si no lo hacía pronto, yo misma iba a tomar cartas en el asunto.

Storm Forever Capítulo XIII

Posted in Capítulos on 21 octubre, 2011 by Aline S.V

La silueta de la mujer

 

Ahí estaba, en una salita de paredes amarillentas; frente a la única mesa que había en el lugar, en la cual había una horrible lámpara que; seguramente, usaban de noche, cuando la luz no se filtraba por las ventanas.

La Teniente Samantha Brown dejó sobre la superficie un pequeño vaso desechable de café, aunque no era fanática de tomarlo puro, agradecía el hecho de que ella le echara un par de bolsitas de azúcar y me lo entregara sin mayores reproches.

― ¿Qué hacías allí? ―preguntó directamente, mientras yo hacía ademán de llevarme el vaso a la boca.

―No había estacionamiento por el lado de la cafetería a la que íbamos, por lo que estacioné del otro del parque―contesté, haciendo una mueca en el acto.

― ¿No habíamos hablado de que no buscaras el peligro? ―insinuó.

―No lo estaba buscando, iba acompañada de Joshua y además, sólo quería unas cuantas roscas y un jugo natural.

― ¿A las nueve de la noche?

―Se nos pasó el tiempo―aclaré.

― ¿Quién es este Joshua? ―me preguntó. Me quedé de piedra ante su cuestionamiento e instintivamente me puse a la defensa.

―No puedo creer que me estuviera investigando―murmuré.

―Era necesario, Kallisté―asintió, la mujer entrelazó sus dedos sobre la mesa, en un gesto pensativo― ¿contestarás?

―Lo conocí afuera de la cafetería a la que íbamos―admití, sin dejar de lado mi enojo. Hoy no era mi día, más encima, mis padres venían en camino y estaba segura de que me castigarían por el resto de mis días―estaba haciendo unas entrevistas para un trabajo del instituto.

― ¿Fue un encuentro casual? ―era una broma, ¿cierto?

―Por supuesto que fue casual―comenté― ¡además, fue mi culpa, porque yo le enredé mi mochila en sus brazos, casi me jodí el tobillo ese día! ―frustrada, dejé escapar mi aliento, haciendo que los mechones de pelo suelto sobre mi frente hicieran el intento de flotar unos segundos.

―No te enojes, Kal, son preguntas necesarias―comentó ella―entiende que es de cuidado, recuerda que lo conociste luego de haber sido testigo de un asesinato.

―Soy consciente de eso―respondí― ¿cree que me acercaría a él si lo considerara una amenaza? ―lo dice alguien que ha ido a las escenas de los asesinatos anteriores, me dije en son de burla.

― ¿Estás segura? ―inquirió.

― ¿Tengo algún motivo para dudar de él? ―respondí―además de hacerme sonreír y olvidar toda la locura en la que estoy metida, siempre ha sido muy honesto conmigo.

―Debo asumir eso como que él es tu novio―suspiró.

―Andante―respondí. La mujer meneó la cabeza, seguramente estaba pensando que era lo mismo, pero no lo era―él y yo hemos estado saliendo desde hace un tiempo, pero mis padres no saben y me haría un gran favor de tampoco contárselo.

― ¿Hay algún motivo?

―El hecho de que es andante y no novio―respondí secamente―quiero presentárselo como mi pareja estable si no es un problema.

La teniente sonrió suavemente y cambió el tema del interrogatorio, volviendo a lo sucedido en el parque.

― ¿Qué lograste ver esta vez?

―No mucho, aunque si hay algo de lo que pude darme cuenta―la teniente me miró con interés mientras anotaba unas cuantas cosas sobre una libreta de hojas amarillas.

― ¿Qué es? ―insistió.

―No es un hombre, es una mujer―ella alzó el rostro, sorprendida.

― ¿No habías dicho que era un hombre? ―me preguntó.

―Sé lo que le dije la primera vez―respondí―asumí que era un hombre por su altura y no podía verlo perfectamente porque llevaba mucha ropa encima, pero ahora lo vi claramente―asentí suavemente―era una mujer, la curva de su pecho la delataba, pero era una mujer bastante alta.

― ¿Y su rostro? ―preguntó― ¿pudiste verla?

―No, huyó antes de que me dedicara a enfocarla, corre endemoniadamente rápido―comenté entre dientes―y yo tampoco iba a perseguirla, Joshua y yo preferimos llamar a la policía.

Tomé el último sorbo de café, sabía mal inclusive con el azúcar, pues se había helado en el trayecto en el que la teniente y yo habíamos estado conversando. Esta última se había marchado hace unos quince minutos y me había dejado aquí encerrada.

Estaba comenzando a desesperarme cuando la perilla de la puerta giró y esta se abrió para dar paso a la mujer con la que había estado hablando.

―Tus padres están esperándote, Kal ―suspiré sonoramente ante esto y me levanté del asiento, llevando conmigo el vaso desechable.

―Gracias―musité mientras hacía un ademán para tragarme las últimas gotas de café cargado.

―Kallisté, por favor, no te metas en más problemas―me dijo mientras pasaba por su lado, asentí apenas con la cabeza antes de salir al pasillo.

En la sala principal de la comisaria, además de todos los escritorios que había, estaban mis padres, esperando en la puerta junto a un oficial de turno. Joshua estaba un poco más apartado, apoyado contra la pared con los ojos cerrados. Debía estar exhausto. Un pinchazo de culpabilidad me abordó.

―Kallisté―mamá me abrazó al llegar a su lado y yo le correspondí con el mismo ahínco.

―Lo siento―musité contra su hombro, sin embargo mi vista seguía fija en el muchacho que ahora tenía abiertos  sus ojos y me miraba con ternura.

Realmente deseé poder abrazarlo y consolarlo como me consolaban. Y él, como si hubiera leído mis intenciones, negó con la cabeza.

Agradecía que él fuera tan consciente de mis necesidades personales, sabía que en el fondo él entendía que necesitaba a mi familia.

No podía creer que él fuera tan especial para entenderme en ese grado, hasta ese momento.

El timbre de mi celular sonó mientras me preparaba para dormir, lo cogí de inmediato al ver el largo número en la pantalla, signo de que era un teléfono público.

―Joshua―suspiré contra el aparato, después de haber contestado.

― ¿Estás bien? ―lo escuché murmurar.

Sonreí.

―Me han castigado, pero estoy bien―respondí de igual forma― ¿tú sigues en la calle? ―esto último lo dije en un tono preocupado.

―Sí, pero no me falta mucho para llegar a casa―comentó en una risa suave y tranquilizadora.

―Por favor, no te arriesgues más―musité.

―No te preocupes, no me pasará nada―respondió―estoy más preocupado por ti, no te veías exactamente bien en la comisaría y no quise interrumpir tu reunión con tus padres.

―Sí, lo noté―dije―quería abrazarte―admití.

―Yo también, pero tu familia es primero―asentí quedamente ante su comentario.

―Ahora será más complicado el vernos, mis padres no quieren que salga de casa si no es con ellos―admití.

―Es natural, están preocupados―con una sonrisa triste, miré a través de mi ventana. Fue instinto, quería soñar que él estaba afuera como en mi fiesta de cumpleaños.

―Escucha―comencé― ¿tendrías muchos problemas con tu madre si vinieras a hacerme visitas nocturnas a espalda de mis padres? ―la sugerencia no era propia de mí, pero realmente necesitaba poder verlo y compartir mis emociones abiertamente. En casa, el tema casi no se hablaba, porque era complicado y tampoco queríamos que la abuela se enterara. Mucho menos le andaría contando a Peter, a Alana o a Julie, menos a esta última, porque sabía que se alteraría más de la cuenta.

―Si tú no tienes problemas con eso, yo tampoco―recibí su respuesta con una sonrisa.

―Si tú estás dispuesto a trepar hasta mi ventana todas las noches…

Escuché su risa del otro lado de la línea y me estremecí de sólo oírla.

―Suena divertido, me gustan ese tipo de retos.